jueves, septiembre 21, 2006

EL CENTINELA

Mural de Henry Matisse

in memorian María Castro



Me siento desde mi atalaya viendo como partes.
Al principio, en la terraza no tenía nada.
Ni sillas, ni mesas, ni luz para presenciar la despedida.
Desnudo y miserable me raspaba las rodillas
viéndote a lo lejos.

Poco a poco, en medio de mi indigencia, he ido adornando
mi torre como un penthouse.
Haciéndome cobijas con los versos,
alfombrando la estancia con las deshojadas margaritas.
Haciéndome los muebles con los cuadros y los libros.
Poniéndome la música con los grillos.
Llamando al foco de la luna con aullidos.

También he hecho vino con mis lágrimas:
Cada día que pasa se añeja más.
Pronto haré cigarrillos con tus cartas
Y me sentaré a fumarte poco a poco,
mientras tu silueta se pierde en la penumbra.

Me quedaré viendo, en mi sillón nostálgico,
tu desaparición; tu adiós de sulfúrica espalda,
tu entrada cobarde y resignada al laberinto de dédalo.
Entonces, me beberé el dolor, me fumare tu historia.
-el olvido-

Cuando ya no pueda verte más
- como estos días de batalla -
ya no habrá más esperanza, ni más pasado;
todo lo que un hombre sólo y lleno de amor le talla
como piel de lagarto.

Daré la mano a los espejos
Besaré las hojas.
Copularé en la pluma.
La luna me dará ternura.

Me siento desde mi atalaya a presenciar
tu despedida.
Cada día un insignificante metro:
en la competencia absurda, soy fanático del caracol
y no de la gaviota.
Por ahora, soy la mala fe del hincha apasionado


Me quedo a ver, a asegurarme,
desde la torre de los días, que ya nunca más vuelvas.
Cuando te esfumes mis amigos subirán por la escalera
para hacerme una fiesta.
Sonreirán
llorarán a un mismo tiempo
de verme libre
con la condena a mi mismo.

del Libro: “Matando Segunderos” (1998-2004) por Iván Vargas.
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